Recortes. No tengo el
anzuelo. Estoy, digo, esto es la carnada. Pez se
escribe pero debo
recortar las aletas. No quiero recortar. Prefiero
zambullirme en mi red
sinforme. Yo también soy escritor. Aunque hoy no
tengo el anzuelo para
pescar palabras, solo tengo escamas en mi
habitación. Pero tengo la
carnada o la carne encarnada o la piel hecha un
tubo donde caigo sin
salir. En este mar no existe una metáfora, es decir,
la metáfora se volvió
libre de todo nexo y los peces pican a pesar de la
sin ilusión. Si alguien acerca
su cámara hasta aquí verá que el ojo del pez
es un doble lente y que
el recorrido de la escritura es igual. El mar no es
diferente de este letargo
o insoportable pesadez. Dame mi anzuelo. Pez.
Debo pescar mi carnada.
Está mal dicho. Pero la escritura también se
confunde y toma al pez de
la cola. Por eso hoy caigo como un zeppelín de
fuego. Y las palabras
salvan. Explico sin un fin. Solo quiero derramar un
poco de escamas en tu
plato hondo. Porque el pez no puede sin sus ex-
camas, por eso.