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miércoles, 11 de junio de 2008

interludio VIII

Lo que me gusta de escribir es la soledad llanamente. Sin embargo, extraño aquellas épocas cuando tocaba mi instrumento, dígase guitarra, y escribía mis canciones. Extraño la música, las notas, me pican las ganas de volver a tocar. ¿Por qué somos así de contradictorios?¿Por qué cuando cantamos queremos escribir y cuando escribimos añoramos cantar y tocar la guitarra? Es mi ejemplo personal, claro. Pero no sé, me parte la nostalgia estos días más que en otros meses. No sé si será porque estoy escuchando a Luis Alberto Spinetta y a Soda Stereo, si será porque estoy melancólica a secas (sí, ya sé, es diferente la melancolía de la nostalgia pero yo las sufro simultáneamente, temperamento artístico dirán ustedes.) En fin, en definitiva. Que estoy con los achaques de la melancolía y la nostalgia. ¿No me recomiendan un Soma? ¿Alguien sabe cómo se hace para bancarse semejante compañía? Es igual. La noche es mi mejor amiga (ya que mi perro está del otro lado del océano, dígase, Atlántico). Es que tampoco me salen los versos. No es que tenga la cabeza llena de ideas fantásticas que las puedo plasmar en un papel. No es que este estado anímico, del alma, se pase pronto. Es que uno es, y lo digo con pesar, como uno es. Es como que lo llevamos en los genes, en la invisibilidad que transportamos a diario. Somos cuerpos-casas andantes como esos cascarudos que avanzan por la vereda. No sé. Quizás leer a nuestros "padres" ayude como a Rimbaud, Baudelaire, Vallejo, Woolf, Plath. No sé. Quizás escuchar a los poetas del rock también.